Las aerolíneas baratas abren la guerra de la clase ejecutiva

Los pasajeros de la primera aerolínea de bajo coste pero de primera clase, L’Avion, empiezan a volar la víspera de sentarse en el aeroplano. Mientras abren la maleta, reciben un correo electrónico que les informa del tiempo que hará en la ciudad de destino para elegir con tino su vestuario. Por si son de estómago delicado, también podrán consultar el menú que les será servido durante el vuelo del París-Nueva York. ¿Caprichos de rico? No tanto, pues un billete en esta compañía costará 1.600 euros. Más que un billete turista, pero la mitad que un pasaje «business» o clase ejecutiva en una línea tradicional.
   Esta fórmula es el último invento del remozado mundo de las líneas aéreas, que ya cuenta con dos hermanos mayores en Estados Unidos (Eos) y Reino Unido (Maxjet). Si las compañías de bajo coste han conseguido instalarse en un tiempo récord y raspar una gran parte de la clientela modesta, L’Avion nace con la intención de competir en un sector, la gama alta, que hasta ahora parecía patrimonio de las gigantescas Air France, Iberia o British Airways.
   La aerolínea francesa ha modificado un Boeing 757 alquilado a Lufthansa, con capacidad para 220 pasajeros, en un cómodo y lujoso habitáculo de 90 asientos, lo que ofrece una considerable ganancia de espacio. Al reducir el número de personas con billete, los embarques son menos tediosos. A bordo, el pasajero recibe una atención equivalente a la clase «business»: pantalla individual, asientos reclinables de cuero y platos de porcelana.
   Más de un millón y medio de pasajeros hace uso anualmente del trayecto entre la capital gala y la Gran Manzana. De ellos, 300.000 optan por la clase ejecutiva o están dispuestos a pagarla al precio que ofrece L’Avion, según estimaciones de la compañía.
   El objetivo de mercado de la neonata empresa es de 30.000 pasajeros en 2007, con una 75% de ocupación de su aeronave. Sin embargo, el vuelo inaugural partió con sólo el 30% de sus billetes vendidos. En el primer semestre de 2007, Elysair, empresa matriz de L’Avion, decidirá si abre un segundo vuelo París-Nueva York o una segunda ruta hacia Oriente Medio o Europa Oriental.
   La empresa ha apostado por el aeropuerto más pequeño de París, Orly, al sur de la capital, puesto que el resto de rutas con la ciudad de los rascacielos parte de Roissy, al norte de París. Para los millones de personas que viven al sur de la ciudad, llegar al primer aeródromo de Francia supone, a veces, hasta dos horas de trayecto. En Estados Unidos, el aeropuerto elegido es Newark, en Nueva Jersey.
   L’Avion copia así una de las estrategias clave de las líneas de bajo coste: buscar aeropuertos donde los costes son menores.



8 January, 2007 · Archivado en Aerolineas 

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